ECONOMÍA CIRCULAR
Ciencia, comunidad y políticas públicas: con aporte del CONICET construyeron veredas comunitarias en barrios populares del sudoeste de La Plata
Es resultado de un proyecto interdisciplinario que reúne a profesionales de las ciencias exactas y las sociales, y cuenta con la participación de vecinos y vecinas. Utilizaron un sistema de construcción que reduce los costos y otorga más durabilidad. Además de facilitar la accesibilidad para los habitantes de la zona, la iniciativa permitió capacitarlos en la industria del hormigón
En el sudoeste de La Plata, a unas 15 cuadras del casco urbano de la ciudad se emplaza lo que, según los relevamientos más recientes, es el barrio popular más poblado de la región: Puente de Fierro, que comprende la cuadrícula que va de las calles 22 a 29, entre 86 y 90. Sus primeros habitantes comenzaron a asentarse allí a comienzos de la década del ’90 y pasados más de 35 años, tanto ellos como quienes habitan el barrio aledaño, llamado Evita –pasando la calle 90– continúan conviviendo con problemas de accesibilidad, movilidad e integración urbana.
Con base en una larga experiencia de trabajo social en la zona, que comenzó tras la inundación del 2 de abril de 2013 en La Plata con el Proyecto de Investigación Orientado (PIO) “Gestión Integral del Territorio”, un equipo de investigación del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS, CONICET-UNLP) en colaboración con el Laboratorio de Entrenamiento Multidisciplinario para la Investigación Tecnológica (LEMIT, CICPBA), se dio a la tarea de desarrollar pruebas piloto de acciones concretas para abordar esa problemática: “Una solución tecnológica por sí sola no resuelve un problema, y una solución social o socio territorial aislada, tampoco”, entienden. Por eso, cruzaron la barrera imaginaria que divide a las ciencias sociales de las exactas para promover una iniciativa conjunta que articula el conocimiento científico con la demanda y el compromiso de la comunidad, con el objetivo de generar políticas públicas que sí logren llegar y ser aplicadas en el territorio.
“Las dos semillas más potentes que surgieron del PIO fueron la Agenda Científica Participativa (ACP) y la Mesa de Trabajo Permanente (MTP) –cuentan los investigadores del CONICET en el IdIHCS Horacio Bozzano y Tomás Canevari–. La primera es un dispositivo de coproducción de conocimiento que busca transformar la realidad de comunidades y ambientes y nutrir políticas públicas”. Estos espacios involucran a científicos y científicas, vecinos y vecinas, actores políticos y económicos en una planificación integral y situada. “La segunda –agregan– es una técnica que consiste en un espacio institucional y de diálogo continuo donde interactúan los actores involucrados en los procesos de transformación concreta. Esto hace posible la Investigación-Acción-Participativa (IAP) y garantizan que los debates y decisiones se sostengan en el tiempo. Hasta la pandemia por COVID-19 se realizó al menos una mesa al mes y desde entonces continúa con menor periodicidad: en junio de este año se llevó a cabo la número 77”, puntualizan los expertos. Cabe destacar que en 2021 ambas instancias fueron declaradas de interés legislativo por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.
En ese contexto, surgió la iniciativa de construir veredas comunitarias en el barrio Puente de Fierro, proyecto que fue realizado en el marco del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA) impulsado por el gobierno bonaerense a través del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica, y tuvo como adoptante a la Subsecretaría de Hábitat de la Comunidad de la provincia. La propuesta apuntó a la construcción de las veredas aplicando Hormigón Reforzado con Macrofibras Sintéticas (HRFS), una tecnología que ofrece múltiples ventajas en materia técnica y económica: las macrofibras (mayormente polietileno o polipropileno) reemplazan a las mallas de acero que se utilizan habitualmente para dar soporte al hormigón, reduciendo así los costos de acopio, corte y manipulación. También reducen la cantidad de material a utilizar, porque reemplazar las mallas por las pequeñas fibras plásticas permite bajar el espesor del hormigón requerido de 15 o 20 centímetros a entre 5 u 8 centímetros. De este modo, la misma cantidad de hormigón alcanzó para construir más metros de veredas. Además, estos plásticos son inmunes a la corrosión y tienen menores requerimientos de preparación del suelo para su aplicación. Si bien no se trata de una técnica novedosa, ya que se usa habitualmente para la construcción de pisos industriales, su utilización no está tan difundida a una escala de obra pública menor como la de este caso.
“Mi idea siempre fue no solo resolver el tema técnico, sino que el proyecto pudiera servir para que la gente del barrio se involucrara y aprendiera, que los jóvenes se entusiasmaran con la industria, en particular con la del hormigón, pensando en su crecimiento personal y en abrirles posibles salidas laborales”, contó recientemente Raúl Zerbino, investigador del CONICET en el LEMIT y director del proyecto, quien falleció el pasado 7 de abril.
De las 200 cuadras del barrio sin veredas se definieron obras piloto en los lugares más necesarios según criterios científicos y comunitarios de accesibilidad, conectividad y utilidad. A partir de allí, se construyeron 7 cuadras de veredas, la plataforma para dos paradas de micros y un pequeño puente peatonal. Todo, con un profundo compromiso y el trabajo colaborativo de las vecinas y vecinos de los barrios. “Puede parecer algo menor. Una veredita. Pero esa veredita está dando resultado, es lo que necesitaba la gente del barrio, lo que nos pidió en los censos que hicimos”, subraya Rosa Dejesús, vecina del barrio y referente de la Asociación Civil El Refugio, una de las cerca de 36 organizaciones sociales que funcionan allí. Dejesús destaca la mejora que significó para los habitantes del lugar esta obra: poder transitar los días de lluvia y posteriores, que los niños y niñas no se embarren para ir a la escuela, esperar el micro en un lugar seco, caminar más seguros a la vera de la calle y poder cruzar de un barrio a otro sin impedimentos.
Bozzano y Canevari resaltan “el potencial de una ciencia que aporte a la transformación de las realidades estudiadas promoviendo diálogos de saberes y articulaciones virtuosas”. En ese sentido, destacan que además de las mejoras en el hábitat, espacio público y accesibilidad peatonal, el proyecto sirvió para formar recursos humanos en la tecnología del hormigón en particular, y en la construcción en general, cumpliendo así uno de los objetivos planteados, el de transferir ese conocimiento a la comunidad. En ese mismo sentido, Bozzano refuerza el carácter transformador de la iniciativa: “Reúne la participación directa de la comunidad con el aporte útil, práctico y aplicado del sistema científico, articulando sociedad, universidad aplicada con políticas públicas. Políticas públicas que escuchen a la gente. Esta fue una experiencia piloto de un modelo capaz de replicarse y multiplicarse hacia otros barrios populares, no solo de La Plata, sino del país y del mundo, ya que, a nivel global, mil millones de personas viven en barrios populares, asentamientos precarios, favelas u otros tipos de urbanizaciones informales”, cierra.
El FITBA “Aplicación de hormigón reforzado con fibras en veredas comunitarias para barrios populares. Caso Puente de Fierro, La Plata” fue liderado por Zerbino y contó con la participación de los equipos encabezados por Fabián Iloro, del LEMIT, y Bozzano y Canevari, del IdIHCS. El trabajo se articuló con la Asociación Civil Cultura y Ciencia por Puente de Fierro, una entidad sin fines de lucro creada en el marco de la MTP.
Por Marcelo Gisande










Se utilizan en cubiertas inclinadas de construcciones. Están elaboradas con una mezcla de partículas de plástico procedentes de envases, caños y bidones, y de caucho proveniente de neumáticos fuera de uso, ligadas mediante un procedimiento de termofusión.
Se producen agregados reciclados por granulación de hormigón fresco residual con adiciones absorbentes parcialmente biobasadas, para sustituir agregados convencionales en nuevas formulaciones de hormigón. Se reduce el impacto ambiental y pérdidas económicas derivadas del retorno y descarte de hormigón fresco.
Se desarrollan paneles aglomerados basados en residuos y/o subproductos agroalimentarios, como son la cáscara de arroz y el bagazo de cerveza, entre otros. La combinación de estos materiales con adhesivos basados en proteínas de soja permite obtener paneles sostenibles y completamente biobasados, permitiendo a su vez la revalorización de estos recursos.


Son partículas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, recubiertas con una mezcla de cemento Portland y aditivos estabilizantes. Este recubrimiento evita la lixiviación de sustancias tóxicas. Se utilizan en mezclas para fabricar ladrillos, bloques, placas, cargas en losas, pendientes y premoldeados de hormigón.
Son componentes premoldeados de hormigón armado apto para techos planos y entrepisos. Son placas armadas que se aplican sobre viguetas premoldeadas de hormigón, sobre las cuales se ejecuta la capa de compresión y la cubierta de techo en forma tradicional. De fácil armado y montaje no requieren de mano de obra especializada. Su calidad de terminación no requiere cieloraso, por lo que una vez colocado está listo para pintar.
Ventanas de micro-concreto constituidas por un marco y divisorios interiores que conforman una trama modular ortogonal de 40 cm. Incorporan en su masa una estructura resistente de acero conformada por varillas de hierro.
Estos componentes se utilizan en muros y en losas de construcciones. Están elaborados con una mezcla de partículas de plástico PET procedente de envases descartables de bebidas, ligadas con cemento Portland y aditivos, que se moldean con una máquina bloquera.
Se trata de placas de aislamiento termo-acústico basadas en la reutilización mecánica de poliestireno expandido (EPS) de descarte. El aislamiento se compone de poliestireno expandido triturado, aglutinado y mezclado con cemento y agua. Reconoce las necesidades de las viviendas y su habitabilidad ante las situaciones de extremo frío en invierno y extremo calor en verano. Favorece el confort térmico y acústico. Posee un rendimiento comparable al de los aislamientos disponibles en el mercado. Proporciona una alternativa de bajo costo capaz de mejorar la calidad habitacional y contribuir a la sostenibilidad ambiental.
Estos componentes se utilizan en muros y en losas de construcciones. Están elaborados con una mezcla de partículas de plástico PET procedente de envases descartables de bebidas, ligadas con cemento Portland y aditivos, que se moldean con una máquina bloquera.
Se utilizan en cubiertas inclinadas de construcciones. Están elaboradas con una mezcla de partículas de plástico procedentes de envases, caños y bidones, y de caucho proveniente de neumáticos fuera de uso, ligadas mediante un procedimiento de termofusión.